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Noemí B. Boado de Landaboure

¿Vale la pena educar hoy? Desafíos de la educación en el nuevo milenio

¿ VALE LA PENA EDUCAR HOY?. DESAFÍOS DE LA EDUCACIÓN EN EL NUEVO MILENIO

 

DESARROLLO:

¿Vale la pena educar hoy?. La pregunta suscita duda. ¿ Por que dudamos?. Hasta ahora educamos y nos educamos  Si educamos ¿por qué hacernos hoy esta pregunta?. La duda, estimula la reflexión y un parar para evaluar. Evaluar lo logrado  y entonces, poder decir Sí vale o No vale la pena educar.

Quienes nos hacemos esta pregunta, somos nosotros, los hombres. Solo el hombre, puede preguntarse y solo el goza del privilegio de la respuesta. Por qué ¿ Justamente por ser hombre?

Sin ánimo de convertir el desarrollo del tema, en una reflexión filosófica, es necesario señalar que todo quehacer humano, que tiene como principio y destino al hombre, debe comenzar por el planteo antropológico. Eludir este cuestionamiento, lo aparta de conocer los fundamentos y como consecuencia no sabe ni el por qué ni el para qué de su acción.

El tema que nos convoca, la educación, es un fenómeno típicamente humano, debemos por consiguiente contestarnos antes de iniciar cualquier reflexión por el sujeto y objeto de la acción: el hombre.

Existen diferentes ideas  acerca de lo que es el hombre,  pero únicamente  aquella que lo distingue de los demás seres y que exalta su peculiar dignidad ontológica, es la importante. Está idea, está sintetizada en la aseveración: el hombre es  persona.

¿Qué es ser persona? Según Sto. Tomás, persona significa lo más perfecto que hay en toda naturaleza De ahí, su valor, por encima de todo lo existente Ser persona significa fundamentalmente poseer espíritu y por ende libertad. Esa unidad que es la persona hace que lo material lo biológico, lo instintivo y todo aquello presente en el hombre, participe de esa dignidad que le es propia. Al definirse el  hombre como “ persona humana” aludimos a su real pertenencia al mundo del espíritu y al universo material. En esa complejidad humana, integrada en la unidad persona,  yacen las posibilidades de realización, de perfeccionamiento, de humanización. Ser hombre, d ice V.Frankl, no reside en los hechos, sino en las posibilidades y agrega ser hombre no significa solamente ser otro, sino también poder ser otro. Esas posibilidades se cristalizan, en la captación  y realización de valores, en la donación, entrega y compromiso  como afirmación  de la libertad y responsabilidad que le supone el ser persona.

Esas posibilidades, singulares  y únicas, habitan desde el nacimiento en estado potencial y el hombre puede o no desarrollarlas en virtud de la autonomía y libertad que le son propias. Así podrá pensar y  concretar a lo largo de la existencia  su proyecto personal, ejercer la responsabilidad de sus acciones, autodeterminarse, es decir  elegir –como señala Jaspers- aquel que quiere ser.  Elige aquel  que quiere ser, desde esa unidad y complejidad que es la persona, en donde habita el pluralismo dinámico de impulsos deseos, tendencias y también sus facultades y proyectos.

La persona asoma al mundo, a través de su realidad corpórea y adopta distintas formas de aparecer. Estos modos de aparecer en el mundo, no siempre revelan la tan anhelada salud y armonía, sino por el contrario a veces manifiestan desorden, desequilibrio y otras tantas, severas patologías de personalidad. Estos desajustes conforman hoy, una larga lista de inquietantes problemas para la sociedad contemporánea: droga,   suicidio, violencia intolerancia, discriminación,  trastornos de la alimentación, entre otros, son conductas que, cotidianamente aumentan  e n muchos países del mundo y crecen a pasos  agigantados en los países que componen el Continente Americano.

La constante aparición de estos y otros males es lo que precipita e incrementa la necesidad de la pregunta ¿ Vale la pena educar hoy’?  En la mayoría de los países que padecen esta realidad, se habla de la crisis en la educación o del fracaso del modelo educativo como el causante de los desordenes mencionados. Así se suceden planes de estudio, transformaciones técnicas, cambios metodológicos, provocando muchas veces mayor desconcierto en la familia y en la sociedad toda, ya que según conclusiones estadísticas, estos cambios no produjeron disminución de los males. A esta realidad se suma el excitante  y peligroso momento histórico que atraviesa el mundo, cuando la decisión entre la aniquilación y la paz se encuentra en duda  en muchos   puntos del planeta, y el mundo se encuentra dividido  en  titánicas luchas entre fuerzas contrapuestas que, basados en la bondad de sus doctrinas,  idolatran sus ideas, prometiendo él  optimo desarrollo de las sociedades y la eterna felicidad del ser humano.

Ante tal realidad, devienen las preguntas  esenciales  que hemos obviado en esos cambios

¿Que es educar? , ¿Para que educamos? La necesidad de la respuesta, surge inexorablemente marcando el apremio de ocuparse por lo importante.

Randy Sparkman, tecnócrata estadounidense contemporáneo, ensaya una respuesta: Educar –dice- es ayudar a nuestros niños a alcanzar su máximo potencial, no solo como seres económicos sino, fundamentalmente como seres humanos”, y agrega: aunque hayamos ocupado con tecnología cada resquicio de nuestras vidas, la naturaleza esencial del hombre ha cambiado poco.  Seguimos siendo seres motivados por los desafíos, discutidores, sociables, orientados hacia el trabajo dispuestos a tomar riesgos, regidos por el espíritu. Agrega: la tecnología evoluciona permanentemente mientras la naturaleza humana cambia tan lentamente que, parece peremne, la ironía de la era digital es que serán las habilidades “básicas”, no las fundadas en la tecnología, las que permitan progresar a las personas.(1)

A estas habilidades básicas Sparkman las llama dones y aclara que estos dones no son construidos, comprados o cedidos, sino más bien son transferencia de una actitud, de una disposición, de un rasgo que pasa de generación en generación y que se diferencia a menudo de los productos obtenidos por múltiples entrenamientos.

Agrega Sparkman: esta apuesta por las habilidades básicas, no es una simple apelación nostálgica a regresar al pasado. Esta sugestión se basa en el conocimiento de que, a medida que las máquinas digitales se insinúan cada vez más en nuestras vidas, serán las habilidades específicamente humanas, aquellas en las que las computadoras fracasan las que nos permitirán  manejar nuestra tecnología y emplearla siempre que permita agregar valor y no confusión a nuestra existencia.(2)   La invitación de Sparkman, es una exhortación a no caer en el absurdo de la despersonalización, por la absolutización de la tecnología,  sino que  la tecnología  sea incorporada a una formación más humana e integral. En síntesis que el avance tecnológico sea un medio que beneficie el desarrollo del proceso educativo y no el fin de la educación.

Juan Mantovani, filósofo de la educación, define a la educación como el tránsito  en el individuo, de una infraestructura vital a una superestructura espiritual en la que se captan y realizan valores.

Cuando el proceso educativo se asimila a la adquisición de aprendizajes que no tienen por finalidad promover el tránsito a la superestructura espiritual estamos cerca de cumplir con  aquel propósito de Watson, cuando afirmaba: “Denme una docena de niños sanos y bien formados y el entorno que yo determine para educarlos y me comprometo a escoger uno de ellos al azar y  entrenarlo para llegar a ser especialista del tipo que sea médico, abogado, artista, hombre de negocios y, si, hasta mendigo o ladrón.”(3) Sin duda se puede lograr ese objetivo pero, un hombre así tratado, es un   hombre al que se lo ha degradado, deshumanizado, convertido en lo que Frankl denominó “homúnculo”. Un hombre convertido en dócil objeto de manipulación. Habrá adquirido el dominio de destrezas y habilidades pero, no se ha tenido en cuenta que esas adquisiciones deben estar al servicio de colmar una profunda necesidad, que es la sed de dar sentido a su existencia, de desarrollar un proyecto de vida, de  descubrir e incorporar valores, como el necesario camino a la felicidad.

El hombre que no ha satisfecho, esa sed de sentido y realización es muy posible que navegue por la vida pero,   muy fácilmente se ignore perdiéndose a sí mismo e ingrese en las listas de personas que padecen algunas de las patologías de la época.

A propósito de esto escribió Federico Mayor Zaragoza, director de la UNESCO.

“Educar no es solamente inculcar saberes es despertar ese inmenso potencial de creación que anida en cada uno de nosotros a fin de que podamos desrrollarnos y contribuir mejor a la vida en sociedad. Por eso lo que más falta hace hoy en día, lo que reclaman, de nosotros de manera más o menos explícitas los jóvenes, en particular, los adolescentes que concluyen sus estudios secundarios son referencias, una brújula, una carta de navegar. Urge que les proporcionemos esa orientaciones so pena de enfrentarnos con grandes trastornos sociales y tenemos que hacerlo lo antes posible si no queremos que nuestros nietos murmuren refiriéndose a nosotros esa frase terrible de Albert Camus: “ Pudiendo hacer tanto, se atrevieron a hacer tan poco “.(4)

Las palabras de Zaragoza,  tocan muy de cerca y surge una nueva pregunta preguntarnos ¿qué responsabilidad nos cabe para que las palabras de Camus no se tornen realidad?.

Jain Etcheverry, médico argentino muy interesado en los problemas educativos, señala con acierto: el fracaso en la educación, es ante todo, el fracaso de un modelo cultural y  de un sistema de valores que, si bien ensalzan las virtudes de la educación y el conocimiento, erigen como ejemplos de vida y de conducta justamente los modelos opuestos. Agrega los niños y jóvenes quizás no comprendan lo que leen en los libros, pero comprenden muy bien lo que leen en la sociedad:

Seguramente, ´el apartarnos de los planteos esenciales, hizo que nos quedáramos en el cumplimiento a medias, del verbo “Educar”. Educar, significa sacar, extraer,  pero, también es guiar y acompañar,  hacia el logro de un mayor perfeccionamiento... Es imposible, plantearse la posibilidad de perfeccionamiento humano, sin una reflexión profunda acerca de los valores.

La dimensión dialogal afectiva e intersubjetiva de la persona, por estar estrechamente ligada a la problemática de los valores, constituye uno de los aspectos que más puede ayudar a la superación de la crisis educativa, con la consiguiente prevención de alguno de los males que nos aquejan.

Los valores, esas realidades capaces de despertar el interés vital de la persona o de estimular su perfeccionamiento, son descubiertos por el hombre en el mundo que el mismo habita.

El hombre asoma al universo desde su corporeidad y, es desde allí a través de una doble intencionalidad –cognitiva y valorativa- que se apropia de los valores. Quiere conocer el mundo pero también se siente atraído interesado y vive con cierto aprecio todo lo que lo rodea y existe. La intencionalidad cognitiva y la intención valorativa, interactuan conjuntamente, emergiendo ambas del fondo mismo de la persona, y es en el encuentro con el otro, en el ámbito de la intersubjetividad, donde el valor resplandece y aparece en su verdadera magnitud.

La esencia dialogal de la persona exaltada por eximios pensadores personalistas como: G.Marcel, M.Buber, Mounier, Lévinas encuentra en la fenomenología de Husserl su máxima expresión en el concepto de empatía. El remosar en el siglo,  XX  el tema, no significó para  los personalistas, el hacer hincapié ni en la dimensión social, ni en la necesidad de convivencia socio –política, sino en considerar la dimensión intersubjetiva, como el aspecto constitutivo central de la persona.

Lo más vivo de la vida del yo, se plenifica solo en el encuentro con el otro, solo hay persona si hay referencia a  otra persona.

Es el primer encuentro, la relación madre –hijo, la referencia originaria de la existencia del encuentro con el otro. El cuerpo, mediador de este encuentro, marca las dimensiones del espacio y tiempo de esta experiencia. Solo en el encuentro con los demás, con el mundo y con la cultura, es comprensible la vida del hombre. En su relación con el otro, el hombre teje indisociablemente los dos aspectos de su relación con el mundo: el conocimiento racional y la comunicación afectiva.

Expresa  Längle: la vivencia del valor comienza con la aseveración: yo existo y tu existes y nos encontramos. No hay vivencia del valor, en ausencia de tal relación. La vida humana. es esencialmente relacional.

Uno de los modos del acontecer relacional del hombre, se inscribe en la relación pedagógica. Esta relación, para ser tal, debe estar signada por la apertura, el diálogo y el encuentro de intimidades que, en mutua donación posibilitan el acto educativo.

Solo, en este espacio de comunicación viva y  existencial entre personas, es posible transmitir valores. Solo este encuentro, es el que permite y da valor a acto educativo.

Escribió V. Frankl en su libro “El hombre doliente”... la única posibilidad de que la humanidad sobreviva es la del encuentro de todos los pueblos en una tarea común.

Hoy hay en el mundo –según datos vertidos  el 28.4.00 por la UNESCO y UNICEF en el, Foro Mundial de Educación – 880 millones de adultos analfabetos y 113 millones de niños sin escolaridad.

¡Que el encuentro de todos los pueblos sea en la tarea de Educar cumpliendo la misión de humanizar y con la esperanza de lograr la tan ansiada transformación del mundo y de la vida y entonces sí podremos decir: ¡Vale la pena educar!

BIBLIOGRAFIA

  1. Bernabe, Tierno Antonio. Master en educación, Ed. Temas de Hoy, Madrid, 1993.
  2. Jain Etcheverry ,Guillermo. La tragedia educativa, Ed Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1999.
  3. Frankl, Viktor. El hombre doliente, Ed. Herder, Madrid, 1994.
  4. Frankl, Viktor. Psicoanálisis y existencialismo, Ed Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1991.
  5. Leocata Francisco. La vida como experiencia del valor, Ed. Centro de Estudios Salecianos, Buenos Aires, 1991.
  6. Landaboure Noemí Boado de. “La relación pedagógica como encuentro existencial”, en Revista Logo nº 24. Buenos Aires, 1997.

CITAS

  1. Jain Etcheverry. La tragedia educativa, pag. 152.
  2. Jain Etcheverry, op cit 152.
  3. Bernabe Tierno. Master en  educación,  pag. 25.
  4. Jain Etcheverry, op cit, pag 200.

Noemí B. Boado de Landaboure

Psicopedagoga egresada de la Universidad del Salvador

Desempeño actual:

  • Miembro fundador y del Comité Ejecutivo de la Fundación Argentina de Logoterapia.
  • Profesora titular de Psicología de la Personalidad en la Facultad de Psicología y Psicopedagogia de la U. del Salvador.
  • Profesora titular de Clínica psicopedagógica en la Pontificia Universidad Católica Argentina.
  • Directora de Proyectos de investigación en la Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la universidad del Salvador.
Autor: 
Noemí B. Boado de Landaboure

Reflexiones acerca de la ausencia del padre en la familia

Reflexiones acerca de la ausencia del padre en la familia

 

INTRODUCCION

Santo Tomásplantea que persona significa "lo que es máximamente perfecto en toda naturaleza, a saber, lo subsistente de naturaleza racional... considerar que el hombre es persona esencialmente es la visión correcta, y la persona es entonces una realidad subsistente, un principio de actividad que se despliega en una doble dirección o movimiento: de Interiorización y de Exteriorización. Por el movimiento de interiorización, la persona en su proceso de desenvolvimiento y construcción es una moción interrogativa que va cuestionándose los niveles de valorización alcanzados con respecto a sus modelos anteriores superados. Por el movimiento de exteriorización, la persona trasciende su dimensión de naturaleza, puesto que, por una parte, conoce el mundo, se abre al mundo material y social, le hace objeto de su existencia intencional y por otra parte puede transformarlo que es otro modo de trascenderlo. El desarrollo de las potencialidades individuales y sociales de la persona en toda su complejidad y extensión: familiar, profesional, de amistad y de fe, es garantía de plenitud educativa adulta y de autorrealización."(Palacios, Leopoldo 1990)

En consonancia con lo expuesto V. Frankl manifiesta que cada persona no sólo es una unidad sino también una totalidad con una condición humana que la distingue la: libertad de espíritu. De aquí que persona sea definido como "aquello que puede comportarse libremente, en cualquier estado de cosas" que puede adoptar una actitud -decisión existencial .ante el destino que la vida le presente. El hombre como ser decisivo que es, no se limita a decidir algo, sino que se decide a sí mismo. Toda decisión es autodecisión, y la autodecisión es autoconfiguración.

Por lo tanto, esto significa que la libertad, entraña responsabilidad y que la orientación de la persona hacia ese sentido se constituye en la estrella guía del derrotero existencial. En esta toma de posición frente a la vida y en la decisión de ser padre o no, el hombre va autoconfigurando su personalidad y tomando día a día una posición frente aquello que se presenta como su destino.

El tema de la "Ausencia del Padre”, es necesario comenzarlo a pensar con una primera reflexión metafísica acerca de lo que significa el hombre como padre ya que de lo contrario, cualquier idea resultaría carente del necesario sustento.

“La actual confusión respecto de la paternidad es, en buena medida, aunque no solo atribuible a ella-, una consecuencia más de ese vacío filosófico desencadenado por la ausencia de reflexión metafísica sobre tan importante cuestión vital”.Polaino Lorente A.-Metafísica de la Familia - Juan Cruz Cruz EUNSA (1995).

 

EL HOMBE COMO PADRE

¿Qué es ser padre? ¿Cuál es la característica que denota al hombre como ese “ser” que existe como “padre “.

La primera consideración es que: el ser padre supone necesariamente la existencia del hijo. Paternidad y filiación son los polos de una relación y una existencia bidireccional, tanto en el orden psicofísico como en el espiritual.

El ser padre en la especie humana, no es solo una consecuencia biológica, si no que va más allá, emana de la posibilidad que tiene el hombre de trascender (de trans, más allá y scando-sacalar), así la vemos cuando esta se concreta por ejemplo a través de la adopción o en la procreación asistida por modernas técnicas de laboratorio.

Optar por ser padre no encierra, tan solo la satisfacción de una necesidad biológica. Constituye el horizonte de la autorrealización que lo conduce a la plenitud personal, como consecuencia del encuentro con un sentido que le permite cristalizar la auto trascendencia y lograr la conquista de la propia felicidad.

El hombre, al concretar en acto la paternidad, despierta en el una potencialidad que permanecía adormecida, al hacerse conciente es que el mismo se reconoce como padre y proyecto, si así lo decide, el amor filial es donde concreta el llamado de la naturaleza y su ser personal en el acto infinito de amar al hijo.

Al hacerse conciente la paternidad, el hombre descubre el sentido del ser y es apelando a la voluntad de querer el sentido, que se prodiga y “decide amar”, si no lo hiciera no habría satisfecho su ser personal, solo habrá cumplido con el mandato de la naturaleza.

Al analizar al padre en cuanto” ente” distinguimos siguiendo a Sto. Tomás propiedades trascendentales que aparecen con un orden y una secuencia;

 

El padre se presenta como: único, verdadero y bueno.

1º Propiedad: el padre es único

Todo padre por ser en un individuo, una entidad indivisa; es uno.

Es decir no se puede ser padre y no serlo. Es uno y es único, ese hijo tan solo tiene como padre a este padre, pero a su vez es ser único para los demás hijos. No pasaría lo mismo a la inversa, un hijo no puede tener varios padres.

Es conveniente aclarar la diferencia entre ser uno y ser el único

Ningún hombre podría decir que es el único padre, pero sí un único padre-

No se puede explicar al padre como uno sin tener en cuenta el fundamento trashumano del padre, En el hombre como ser relacional solo es concebida la paternidad como participación de la paternidad divina. De aquí que cuanto más entienda el hombre la paternidad divina y cuanto más profundamente participe de ella tanto más plena será la paternidad humana para el.

Paternidad y filiación son relaciones permanentes en la vida, ambas son eternas y sobreviven a la muerte.

Padre e hijo conforman una unidad existencial, esta relación funda y lidera la identidad personal y es ineludiblemente la fuente a la que se vuelve ante la necesaria respuesta a la pregunta: ¿quién soy?

Por todo lo expuesto, es necesario para reflexionar sobre el tema referirse al matrimonio, ya que madre y padre en la realidad natural y tradicional de concebir la familia, están presentes en el origen del hijo, El existir de cada hijo demanda exclusividad en el acto de amor fundacional de sus padres. Esa exclusividad está llamada a permanecer en el tiempo.

Unidad, exclusividad y fidelidad son las tres notas que distinguen a la unión verdadera. Cuando hay rupturas que quiebran estas cualidades, la identidad de los hijos se golpea duramente, esta realidad deja huellas difíciles de superar, a veces causales de graves trastornos de personalidad.

 

2º Propiedad el padre y la verdad

El padre en cuanto ente inteligible, es cognoscible y tiene todo lo que es necesario para ser verdaderamente conocido por sí mismo y por cualquier hombre. Este conocimiento le permite alcanzar la verdad de la paternidad como descubrimiento (alétheia) rectitud y adecuación. Este conocimiento posibilita por un lado el afianzamiento de la identidad y seguridad personal y por el otro el fluir de buenas relaciones con el hijo.

Dado que la paternidad humana se fundamenta en la paternidad divina, el hombre conocerá la verdad en plenitud, tanto de sí mismo como de sus hijos, cuanto más decida conocerse y conocer a Dios. Cuanto más acepte que el depositario de la Verdad es Dios, menor será la posibilidad de caída en el narcisismo que surge como consecuencia de sustituir el verdadero ser por la imagen del ser . La falta de autenticidad lo aleja de la verdad. Cuanto más dude de su paternidad tanto mayor será la desconfianza del hijo. La duda se prolonga, y esto carcome la identidad de los hijos . Sin verdad en los padres, no puede haber identidad verdadera en los hijos. La verdad en los padres surge de la clara aceptación de si mismo, de descubrir el sentido de la paternidad y comprender la misión que como tales les toca cumplir. El encuentro con la misión, específica, única y peculiar lo pone de cara al ejercicio responsable de la paternidad.

Cuando el hombre, se aleja del conocimiento de la verdad se aparta de ella, se vuelve escéptico, cobarde, negador y se torna un ser débil e inseguro ‘para guiar la educación de sus hijos. Aparece, generalmente como consecuencia una marcada crisis de identidad en los hijos alimentada a expensas de la hipocresía que los niños y jóvenes observan en el comportamiento de los adultos. Comportamientos falsos e incoherentes que están muy lejanos de la verdad y que acarrean trágicas consecuencias

El apartarse los padres de la verdad, los conduce casi indefectiblemente a la pérdida de sentido y al incumplimientote la misión; los hijos crecen entre el resentimiento y la infelicidad y los padres no cumplen con el cometido de colmarlos de la felicidad que merecen.

 

3º Propiedad El padre y la bondad

El ejercicio de la bondad, en el padre, comienza por la aceptación de que: el hijo es el mayor don de todas las donaciones que el padre recibe.

Es doloroso observar hoy, como la paternidad es aceptada solo como un sacrificio, con cansancio, aburrimiento, desánimo. Nadie dudaría que la educación y crianza de un hijo implique renunciamientos y un cierto plus de sacrificios pero necesita substancialmente de la donación con alegría. La donación libre de la persona es la que conduce a la satisfacción en plenitud del amor y al logro de la total felicidad.

Lo bueno en el hombre como padre contribuye a afianzar su propia identidad personal, es el camino del encuentro con el sentido y el logro de la plenitud existencial.

 

LA FIGURA PATERNA

"Sin padre no hay familia (...) y ha de afirmarse que tanto el padre como la madre son necesarios, que ninguno es mas que el otro, que ninguno de ellos es sustituible o canjeable por el otro'

La ausencia física no es el único motivo, sino que muchas veces aunque este presente, el padre tal cual se señalara al apartado anterior, es víctima de una cierta crisis de identidad.

Las consecuencias de esta ausencia a veces conducen a extremas patologías. En aquellos países donde la criminalidad, la violencia y el consumo de droga aumentó en forma alarmante, como ocurrió por ej. En los Estados Unidos y Suecia, donde el aumento del crimen violento entre 1950 y 1996 fue del 600% (1960 a 1992 de 16.000 arrestos anuales pasó a más de 100.000) se observó que lo que había aumentado en ese mismo período era los nacimientos de niños de madre solteras no reconocidos por un padre y las rupturas matrimoniales ( Fukuyama 1999) . En contraposición a esta realidad encontramos la de países como Corea y Japón donde también podemos encontrar una correlación directa pero con consecuencias inversas: no aumento el índice de criminalidad ni tampoco se incrementaron las tasas de ilegitimidad y ruptura familiar. Ricardo Chouhy citando a Sampson (1992) escribe en la Revista Perspectivas Sistémicas en un artículo denominado: “Droga, delincuencia y función paterna: El costo social de la ausencia del padre”

La tasa de homicidios y crímenes violentos cometidos por menores de 20 años aumenta al elevarse el porcentaje de familias sin padre, controlando estadísticamente el efecto de otras variables como nivel socioeconómico, raza o densidad y tamaño de la comunidad. La proporción de familias sin padre en una comunidad constituye el mejor predictor estadístico de criminalidad (Smith &Jarjoura1988) “. Este riesgo de adoptar conductas criminales, crece considerablemente si la comunidad donde habita el niño o adolescente, tiene una alta densidad de familias sin padre (Hill& O Neill, 1993).

Estudios realizados en 45 países revelan que la correlación entre nacimientos de madre soltera y crimen violento es muy alta, 0,825. Este hecho ratifica lo observado por Hill & Nelly en 1993 es decir en aquellas comunidades donde la constante es la ausencia de padre en la familia, hay mayor índice de criminalidad.

En el año 1967 Salvador Minuchin desde un abordaje sistémico recalca la importancia de restaurar la autoridad paterna en el sistema familiar.

La presencia estable de una autoridad masculina en casa es necesaria para controlar los excesos y para enseñar el autocontrol, especialmente durante la adolescencia. Si la autoridad del padre desaparece, falla entonces el proceso de socialización y la vida de los niños/jóvenes se vuelve caótica. Pero también es importante que el clima social reúna las condiciones para el ejercicio de la función paterna . Por ende, si falta el modelo paterno para la identificación del padre, se deteriora su desempeño en la educación y en el trabajo y otros modelos vendrán a ocupar este vacío, con grandes posibilidades de que sean modelos no precisamente ejemplares (por ejemplo: jefes de pandillas).

El incremento de la delincuencia juvenil está ligado a un fenómeno: las pandillas (gangs). Estos grupos están formados por adolescentes marginados que generalmente controlan la distribución de droga en las grandes ciudades.

En la Argentina un importante estudio sobre las causas de la delincuencia juvenil, fue realizado por Carlos María Diaz Usandivaras, quien focaliza la causa del problema en el proceso de socialización y en la incorporación de la ley en particular, hecho este que debe darse, en el inicio, en la familia .Escribe :

…………….”el proceso de socialización es un aprendizaje que implica el conocimiento y la experimentación de límites externos a la conducta, que luego serán internalizados. Para que este proceso se cumpla es necesaria la Ley y quien la haga cumplir. Hasta aquí este es un proceso de control externo que requiere de la presencia del controlador .En una segunda etapa, y a través del vínculo afectivo, este control se instala dentro del individuo, generando un control autónomo….si la ley no se internaliza debemos reemplazarla afuera por la proliferación de guardianes, policías y otros agentes de control social “( Diaz Usandivaras 1991,1997,2000 ) .

Se insiste en mencionar, desde distintas miradas, que la figura del padre es necesaria para el desarrollo equilibrado de los hijos. Es el mediador entre el niño/joven y la realidad. Gracias a esta figura, el bebe aprende a diferenciarse de la madre y a adquirir su autonomía psicológica. El niño descubre que el no hace la ley, sino que hay una ley fuera de el. Y constituye mediante el apego, la ternura y las manifestaciones de afecto, al moldeamiento autoconstitutivo de la afectividad del hijo y, a través suyo, a la formación de su personalidad. El rechazo o la ausencia de la función paterna entraña, a largo plazo, el rechazo mismo de la diferencia entre los sexos y la valorización social de la ideología homosexual. Realidad esta que creció en forma desmedida y que hoy reclama derechos en todos los órdenes: religioso, civil, social, violando todo principio natural de definición del sexo y la familia.

Como se observa, la ausencia de interacción entre padre-hijo generaría numerosos déficit en el ámbito del desarrollo emocional, cognitivo y social del hijo. A través, de las relaciones paterno filiales, el comportamiento paterno provee al hijo del marco normativo necesario para percatarse de la realidad y superar su instalación provisional en la mera deseabilidad instintiva. Como consecuencia del vinculo padre-hijo, se le proporciona a este ultimo la seguridad y la confianza en sí mismo, elemento clave sobre el que puede asentarse el crecimiento de su autoestima. El hijo, tras la exigencia amorosa de su padre, aumenta su autoconfianza, remonta su inseguridad inicial, descubre que puede hacer mucho más de lo que hace y que lo hecho por él es valioso, pues de otro modo su padre no lo aprobaría. La inseguridad, la inmadurez y el infantilismo constituyen las consecuencias inmediatas en el hijo generadas por la ausencia de su padre. Es decir que si el hijo no percibe y realiza en sí mismo el concepto de filiación, por ausencia del padre, seria altamente improbable que disponga de la necesaria madurez para asumir en sí mismo las exigencias que son propias de la paternidad.

Sin padre no hay familia, porque toda familia es bicéfala y exige la copresencia simultánea del padre y de la madre. Ambos son necesarios. .

Entre las múltiples patologías de personalidad que puede condicionar la ausencia del padre encontramos la aparición de conductas delictivas cada vez más violentas, más irracionales que se dan en personas como consecuencia de la ingesta de drogas.

Un estudio realizado por la Fundación Manantiales revela que el “el 75% de los adictos comete un acto delictivo, y el 35% utilizó armas durante el período de adicción”.

En consonancia con lo que se viene desarrollando encontramos otro dato significativo vertido por el Consejo Nacional del Menor y es que el mayor nivel de consumo se da entre los hombres y que de los detenidos el 80% son adictos.

Una observación común que hacen los especialistas en el tema es que la ausencia física real o la ausencia psicológica es una constante encontrada con mucha frecuencia en las historias familiares de los adictos. La ausencia psicológica del padre, hace que este, como se señalara anteriormente, aparezca como un ser inoperante como modelo de identificación, y en la toma de decisiones frente a conductas de los hijos.

Numerosas investigaciones y estadísticas afirman lo expuesto es decir que…

2”la ausencia del padre, aparece como un factor de riesgo que aumenta significativamente la vulnerabilidad a las adicciones”, esta premisa fue volcada así por U.S. Department of Health and Human Services. National Center for Health Statistics, Survey on Chile Health Washington D.C, 1993. Frente al hecho de la ausencia del padre, aparece en la historia del adicto una madre sobreprotectora. Otro realidad investigada que ratificaría que la ausencia psicológica del padre influye en el adicto es que se observó que la presencia e intervención del padre aparece como determinante ,en muchos casos para impedir la implicación de los hijos en la droga. En relación a esto se suele señalar que surgen adictos de determinadas estructuras familiares y no de otras….”En esas familias el adolescente no está destinado a ser un individuo autónomo, con un proyecto de vida propio sino que el sentido de su vida es “ser un ser para la mamá”….ensalzando con esto la realidad de que existe una relación simbiótica con la madre y una incapacidad para separarse de ella. El papel del padre es favorecer, ayudar y apoyar al hijo en este desprendimiento. Este corte en si, no es destructivo sino por el contrario es un componente primordial de la socialización del varón.

Es fundamental, para su normal desenvolvimiento que internalice que existen dos formas distintas de manejo de la agresividad .Una consolida la salida al mundo estimulando la capacidad de defenderse con energía, creatividad pero siempre al servicio de la conservación de la propia vida y la de los demás y la otra es usar la violencia, la destrucción y con esto violar los derechos de los otros. En el arte de manejar esta diferencia es donde anida la posibilidad de socialización, en la etapa adolescente. No es tema de este trabajo hacer una descripción de las etapas evolutivas y menos aún describir las características adolescente, pero es conocido aunque más no sea por la experiencia que la educación en esa etapa de vida es una tarea difícil por lo cambios que entraña la crisis adolescente. En este caso un padre autoritario y opresor o abusivo, es negativo para sus hijos, pero también lo es, aunque sea menos evidente un padre pasivo e indiferente.

Si bien aparece muy claro que ninguna patología es uni-causal, tampoco se pretende transmitir que la ausencia de padre es la única causa que genera en los hijos la delincuencia o la adicción, también es cierto que en las historias de los adictos resalta con frecuencia la falta de un vínculo afectivo sano con la figura masculina, ya sea el padre o una persona que ejerza la función paterna.

Cuando esto no ocurre se detecta el riesgo de que esa persona se convierta en un joven sin proyecto, aburrido de la vida, que busca inmediata satisfacción a sus deseos, esclavo de sus propias necesidades ,factores estos que confluyen en la aparición de la sensación de vacío y la pérdida del sentido de la vida

Paternar es una responsabilidad indelegable e inexcusable del padre. (Chouhy 2002)

Para que esto sea posible el contexto socio cultural debe apoyar y fortalecer la paternidad. Una sociedad que transmite como innecesaria la presencia del padre cuando no directamente la presencia del hombre, esta incrementado la monoparentalidad femenina. Esta postura que se propaga como científicamente correcta, es naturalmente aberrante, psicológicamente nociva y socialmente riesgosa.

 

BIBLIOGRAFÍA

Cruz Cruz Juan Metafísica de la Familia .EUNSA: Pamplona. 1995

Diaz Usandivaras Carlos Trabajo presentado en el Seminario violencia en la sociedad contemporáneaMinisterio del Interior . R. O. del Uruguay . Agosto 2000

Frankl Víktor El hombre doliente. Herder. Barcelona 1994

Frankl Víctor Ante el vacío existencial Herder. Barcelona 1990

Perpectiva Sistémica. Revista Des Champús. Año 13 nº66 Art . Droga y delincuencia Ricardo Chouhy Bs Aires

 

Lic. Noemí B. Boado de Landaboure

Miembro Fundador de la Fundación Argentina de Logoterapia

Profesora en “Dedicación Especial” de la Univ. Católica de Argentina

Profesora Titular de “Psicología de la personalidad” de la Univ. Del Salvador, Arg.

Colaboradora de la Revista Mexicana de Logoterapia

Autor: 
Noemí B. Boado de Landaboure